Los Misterios de la Vida y de la Muerte

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¿Cuál es el objeto de la existencia? ¿A qué le llamamos Vida? ¿Qué es la muerte?

A lo largo de la historia han surgido muy diferentes visiones sobre el propósito de la vida, perspectivas nihilistas, hedonistas, materialistas, idealistas, utilitaristas, etc., sin embargo, conviene resaltar la visión filosófica de la Grecia clásica, la más elevada que haya surgido en la historia: La vida entendida como un medio para alcanzar la Virtud; la vida entendida como una escuela, en la cual el alma realiza un aprendizaje en el que se acrisola la virtud.

Ese aprendizaje se realiza en el largo peregrinar del espíritu en la materia, en un continuo retorno en el cual la muerte es sólo un cambio de ropaje, un cambio de vehículo. Conviene aquí citar las enseñanzas del sabio Pitágoras acerca de la transmigración de las almas, luego explicada y ejemplificada por Platón en Atenas, a través de sus magistrales escritos sobre el Alma en el capítulo décimo de “La República”. Cabe integrar la comprensión Budista acerca de la rueda del Samsara, dentro de la cual nuestra esencia o principio concientivo gira en un devenir de existencias, para cuya liberación es necesaria la conquista de la sabiduría, es decir, alcanzar la iluminación. El Budha Sidharta expresó: “La muerte no es temida por alguien que ha vivido sabiamente”. Esto se refiere a que, quien ha aprovechado la escuela de la vida para revestir su alma con el ropaje de la virtud, no siente angustia por la muerte, pues está conciente de que, como señala el Bhagabad Gita, “el Ser no nace ni muere…”

De esto podemos inferir por qué los misterios funerales tuvieron tanta importancia y fueron objeto de tantos estudios en el Tibet milenario, en la India y en Egipto, donde las pirámides como monumentos con cámaras funerarias dan cuenta de ello, y las paredes de esas cámaras ocultas revelan -simbólicamente- que al final de cada existencia la justicia cósmica, de acuerdo a los actos de la persona, determina las circunstancias de la nueva encarnación. Remitimos, para entender este apartado, al estudio del denominado “Libro Egipcio de los Muertos” y el antiguo Bhardo Thodol, conocido como el “Libro Tibetano de los Muertos”.

La existencia es entonces un proceso de TRANSFORMACIÓN, y en toda transformación existe muerte y nacimiento continuo: Si el grano no muere, la planta no nace; la constitución de la oruga debe morir para que nazca la mariposa. La muerte y la vida son extremos que en realidad se tocan continuamente y hasta conviven de manera simultánea. Por ejemplo, en nuestro cuerpo físico 100 millones de células nacen y otros 100 mueren cada minuto, así, los microorganismos, así las estrellas, así lo infinitamente pequeño, así lo infinitamente grande.

La muerte no es el problema, sino la vida mal vivida. No es la idea de la muerte lo que causa angustia, ya que es evidente que la muerte es un proceso natural presente en toda la naturaleza y el universo; el verdadero origen del rechazo o la negación psicológica de la muerte se debe al estado de ignorancia frente a las leyes cósmicas y sus propósitos.

Para comprender los misterios de la vida y de la muerte es necesario el DESPERTAR de nuestra conciencia, y eso se logra a través de las disciplinas del recuerdo de sí y la auto-observación psicológica, para aprovechar los eventos de la vida en el proceso de transformación interior. Si en nosotros no muere el orgullo, no nacerá la humildad; si no muere la envidia, no conoceremos la auténtica alegría por el bien ajeno. He aquí los misterios de la vida y de la muerte.

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